Playa, cafés y paseos en Mar del Plata

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En otoño comienza esa inestabilidad climática que tanto amamos y odiamos de Mar del Plata. Para mí, siendo marplatense, particularmente me convertí en una auténtica fan de esta estación porque combina días espectaculares de casi veranito que me hacen escaparme al mar con los días frescos que me invitan a sacar sweaters, salir a pasear abrigada por la costa, comer delicioso o quedarme full-indoor en casa sin culpa.

Es que los locales cuando el día está bello nos agarra FOMO de no estar al aire libre. Así que adorado otoño ven a mí para traer mayor equilibrio a mi vida.

"Un mar tranquilo, casi pileta, y un paisaje soñado entre edificios modernos y chalets"

Varese, uno de los barrios más lindos de Mar del Plata, se convierte en un escenario único por varias cositas: el reparo del viento sur -el más fresco y penetrante- hace de esta bahía un verdadero paraíso. 

La playa se amplía, las masas de turistas desaparecen y todo se vuelve más calmo: un mar tranquilo, casi pileta, y un paisaje soñado entre edificios modernos y chalets que sobreviven al paso de los años. 

Y si siempre tuviste ganas de probar surf, es una muy buena playa para aprender. O, por qué no, animarte a una experiencia de SUP cuando el mar está así de planchado.

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Si la playa no es lo tuyo, la loma de Stella Maris (que sí, no es técnicamente Varese pero quien escribe no es experta en barrios sino amante del buen vivir marplatense) hasta Avenida Colón se convierten en un buen espectáculo para caminatas eternas con colores de árboles que van cambiando.

Mi plan favorito en Varese

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Por supuesto despertarme sin despertador y salir con buenas zapatillas de footing por la costa -ni rambla ni costanera, just costa-.

Depende mi energía, se puede salir de los límites barriales hacia Cabo Corrientes, Playa Chica y Playa Grande si busco una caminata más residencial pero ojo con el viento sur; y si no encarando para el centro para ver los clásicos de siempre: Torreón del Monje, la Bristol, los lobos marinos y el Muelle. Si elegís este lado no te quedes sin tu souvenir de la estrella culona del CONICET y el paseo por la pista de skate para ganar colágeno en tu vida.

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Lo que sí sé siempre es dónde termina mi recorrido: en la loma de Avenida Colón, donde me gusta pasar para ver joyitas arquitectónicas marplatenses y por qué no una foto cruzando la avenida Colón (ojo, en el atardecer soleado se raja el asfalto, volvería siempre). El Museo Castagnino y la Villa Normandy, donde está nuestra oficina Hola Sur, son dos bellezas de casas -si podés ver programación del Museo, entrá- y en Villa Normandy hay un cafecito Bon Jus sobre Viamonte casi Colón que tiene uno de los patios con sol y reparo más lindos de la ciudad.

El paseo continúa por el barrio pero ya para ver chalecitos marplatenses desde Colón hacia la calle Alberti, vas a cruzarte con la Torre Tanque en Falucho y Mendoza que abre por la mañana hasta después del mediodía y se puede subir para ver las vistas más espectaculares de la Feliz.

El almuerzo para mí es indiscutible: aprovecharía que no toman reservas para evitar colas de verano y me iría a disfrutar del Bodegón Stella Maris, en Alberti 1201 esquina Alvear. La panera viene con rulos de manteca y la brótola a la Stella Maris con roquefort es una caricia al corazón. 

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Por supuesto que dependerá del clima pero post almuerzo solo existen dos opciones en mi vida: o dormir siesta (en nuestros deptos del barrio que tienen vista y silencio asegurado) o playita con libro, abriguito siempre, o unos buenos mates. Yo creo que vas a estar bastante bien de hambre así que mi recomendación es esperar a la merienda para ir caminando nuevamente, desviándote hacia el inicio de calle Güemes, para ir a Bonsai, que además de ser lindísimo tienen una carta muy completa para una buena merienda.

Si el cielo está despejado vas a estar en una de las zonas más bellas para ver el atardecer marplatense, en altura y con un cielo que es imposible de retratar en foto. Volvé a Avenida Colón por esa foto y ya estás listo para una ducha caliente y alistarte para la cena. 

La cena: Carácter de Fonda con postres de Little Ofelia (un maridaje perfecto) sobre calle Güemes y atendido por sus propios dueños. No descartaría tampoco conocer Angkor: la experiencia de estar en el sótano de Villa Normandy —esta casa de 1920— es increíble. Queda en Colón y Viamonte y te recomendamos siempre reservar en ambos lugares.

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¿Te quedaste con ganas de más? Mirá la programación de Bajo Tierra, el bar de jazz de Torres Manantiales que se ingresa por Carlos Pellegrini 2575.

Hace poco vino Vinocio y fue un verdadero placer recibir artistas nacionales en la mejor ciudad del mundo.

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Si este plan te tentó, tenemos varios departamentos en Varese —algunos con vista al mar como Depto Moni, Gustavo o Falucho y otros bien reparados como este PH renovado sobre calle Rawson— pensados para este tipo de escapadas. 

Y en temporada baja, cuantos más días venís, menos pagás.

Podés verlos acá directamente en nuestra web.